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Hace apenas unos días regresé de un viaje por Japón que me llevó a recorrer algunos de los destinos más emblemáticos del país. Como ocurre en casi cualquier itinerario por el país del sol naciente, muchos aspectos impresionan: la estética de las ciudades, la armonía de los templos, la puntualidad del transporte o la belleza de los paisajes. Pero si hay algo que siempre vuelve a sorprender es la extraordinaria experiencia gastronómica que ofrece Japón.
Japón es famoso por su alta cocina y por concentrar más restaurantes con estrella Michelin que cualquier otro país del mundo. Tokio, de hecho, lidera esa clasificación desde hace años. Sin embargo, lo que realmente hace especial la gastronomía japonesa no está solo en esos templos culinarios de alta gama, sino en algo mucho más cotidiano: la enorme calidad de los restaurantes donde comen los propios japoneses cada día.

Durante este viaje pude comprobar una vez más que en Japón se puede comer extraordinariamente bien prácticamente en cualquier lugar: desde pequeños restaurantes especializados hasta mercados, izakayas animadas o restaurantes seleccionados dentro de los circuitos de viaje. Y todo ello, además, a precios que muchas veces sorprenden por lo razonables que resultan.
Tokio fue la primera parada del viaje y probablemente uno de los lugares más fascinantes del mundo para explorar la gastronomía local. La ciudad cuenta con decenas de miles de restaurantes y una densidad culinaria difícil de imaginar en cualquier otra parte del planeta.
En muchos barrios basta caminar unos minutos para encontrar pequeñas calles llenas de restaurantes diminutos, algunos con apenas una decena de plazas. Muchos de ellos están especializados en un único plato: ramen, sushi, tempura, tonkatsu o soba. Esa especialización es una de las claves de la cocina japonesa: en lugar de ofrecer cartas interminables, muchos chefs dedican años a perfeccionar una sola receta.
En una de esas calles probé uno de los mejores ramen del viaje: un caldo profundo y aromático, fideos perfectamente cocidos y una carne de cerdo extremadamente tierna. El precio, además, resultó sorprendentemente razonable.
Otro lugar imprescindible para los amantes de la gastronomía es el entorno del antiguo mercado de Tsukiji. Aunque el mercado mayorista se trasladó hace algunos años, la zona exterior sigue siendo uno de los mejores lugares de Tokio para probar sushi fresquísimo, mariscos o pequeños platos callejeros.

Una de las grandes sorpresas para quienes visitan Japón por primera vez es que no hace falta gastar grandes cantidades para disfrutar de una comida excelente.
Durante el viaje encontramos numerosos restaurantes donde se podía comer muy bien por precios bastante accesibles. Un ramen suele costar entre 6 y 10 euros y un menú completo de tonkatsu con arroz, sopa de miso y acompañamientos puede rondar los 10 o 15 euros.

Incluso en zonas muy céntricas de ciudades como Tokio o Kioto es fácil encontrar restaurantes donde cenar por menos de lo que costaría una comida similar en muchas capitales europeas. Además, el actual tipo de cambio favorable del yen hace que el viaje resulte especialmente interesante desde el punto de vista gastronómico.
Tras Tokio nos desplazamos hacia la región del Monte Fuji y Hakone, uno de los paisajes más icónicos de Japón. Aquí la experiencia gastronómica se combina con un entorno natural espectacular dominado por el volcán y el lago Ashi.
En esta zona es fácil encontrar restaurantes que sirven soba, los tradicionales fideos de trigo sarraceno, preparados de forma artesanal. Son platos sencillos, reconfortantes y muy representativos de la cocina japonesa más tradicional.

Incluso en zonas más tranquilas o rurales el nivel gastronómico sigue siendo muy alto. Los ingredientes son frescos, la preparación cuidada y la presentación siempre refleja la sensibilidad estética japonesa.
Si hay una ciudad donde la gastronomía está profundamente ligada a la tradición, esa es Kioto. Antiguo centro imperial durante más de mil años, conserva una cultura culinaria refinada y muy conectada con la historia japonesa.
Uno de los mejores lugares para descubrir esa tradición es el mercado de Nishiki, conocido como “la cocina de Kioto”. Pasear por esta calle cubierta es una auténtica inmersión en la gastronomía local.
Entre sus puestos se pueden probar todo tipo de especialidades: tempura recién hecha, brochetas, dulces tradicionales, encurtidos japoneses, pescado seco o tofu artesanal. Muchos de estos pequeños platos se preparan al momento y permiten descubrir sabores muy auténticos.

Si Kioto representa la tradición, Osaka es probablemente la ciudad donde más se disfruta comiendo. Existe incluso una famosa expresión japonesa que dice que Osaka es el lugar donde la gente “come hasta arruinarse”.
La ciudad es especialmente conocida por su comida callejera y por platos muy populares como el okonomiyaki, una especie de tortilla japonesa preparada a la plancha con distintos ingredientes, o el takoyaki, pequeñas bolas de masa rellenas de pulpo.
El mejor lugar para disfrutar de este ambiente gastronómico es el animado barrio de Dotonbori, donde los restaurantes, puestos callejeros y carteles luminosos crean uno de los paisajes urbanos más icónicos de Japón.

Uno de los aspectos interesantes de viajar por Japón en circuitos organizados es la selección de restaurantes incluidos en el itinerario. Muchos de ellos están elegidos para mostrar distintos estilos de la gastronomía japonesa en entornos de gran calidad.
En Kioto, por ejemplo, una de las comidas tuvo lugar en Together & Co., el restaurante del Hilton Garden Inn Kyoto, que ofrece una cocina japonesa contemporánea con influencias internacionales y productos de temporada.

También en Kioto tuvimos la oportunidad de comer en Ganko Sanjo Honten, un restaurante muy conocido por su sushi y su cocina japonesa tradicional, situado en una casa histórica con jardines.
En Tokio, uno de los restaurantes incluidos fue Shari Higashiginza, especializado en sushi creativo y cocina japonesa contemporánea, mientras que Shisui Tsukiji Hongwanji ofrece una propuesta gastronómica refinada junto al impresionante templo Tsukiji Hongwanji.
En la región de Hakone también destacan restaurantes con magníficas vistas al lago Ashi, como Lakeside Grill, situado en el hotel The Prince Hakone, o los restaurantes del histórico Hakone Hotel.
Aunque este viaje se centró en Tokio, Fuji, Kioto y Osaka, otras regiones de Japón también destacan por su personalidad gastronómica.
Okinawa, en el extremo sur del país, posee una cocina muy diferente, influida por su clima subtropical y por antiguos intercambios con China y el sudeste asiático. Allí son populares platos como el goya champuru, elaborado con melón amargo, tofu y cerdo, o los soba de Okinawa, más gruesos que los habituales. Su gastronomía es sencilla, sabrosa y muy ligada al producto local.

La gastronomía de Shikoku refleja la tradición y los productos locales de esta región insular de Japón. Se caracteriza por platos sencillos pero muy sabrosos, elaborados con ingredientes frescos del mar y de la montaña. Uno de los más representativos es el Sanuki udon, un tipo de fideos gruesos muy populares en la prefectura de Kagawa. También destacan el Katsuo no tataki (atún ligeramente asado), típico de Kōchi, y diversas especialidades de pescado y cítricos cultivados en Ehime. En conjunto, la cocina de Shikoku combina tradición, productos locales y sabores intensos.
Si tuviera que resumir la experiencia gastronómica de este viaje en una sola idea, sería esta: en Japón es realmente difícil comer mal.
Ya sea en una gran ciudad como Tokio, en un pequeño restaurante cerca del Monte Fuji o en un animado barrio de Osaka, la calidad de la comida suele ser extraordinaria. La atención al detalle, el respeto por los ingredientes y la dedicación al oficio se perciben en cada plato.
Por eso, viajar por Japón es también viajar a través de sus sabores: un país donde cada comida se convierte en una oportunidad para descubrir algo nuevo y donde disfrutar de una gastronomía excepcional forma parte esencial de la experiencia.
