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Durante años he soñado con viajar a Namibia, pero es uno de esos destinos que se me resistía, siempre ocurría algo que cambiaba mis planes. Finalmente, hace algunas semanas, surgió la oportunidad. Llevo 20 años organizando viajes a Namibia así que no esperaba muchas sorpresas, pero sí, las hubo. Hoy quiero hablaros de la primera, una enorme: el impactante desierto.
Por supuesto que sabía que Namibia alberga algunos de los desiertos más espectaculares del mundo, pero nada podía prepararme para tal belleza e inmensidad.

Pero como en toda buena historia, hay que empezar por el principio.
Aterrizamos en Windhoek a mediodía.
Windhoek no cuenta con grandes atractivos turísticos. Pero, si tienes tiempo, puedes acercarte a ver por fuera la Christuskirche, una iglesia luterana emblemática, conocida en alemán como Christuskirche.
En los alrededores hay algún hotel, restaurante o bar con vistas que puede ser una buena opción para tomar algo.
Tras un rápido paseo por la ciudad, fuimos a cenar a un colorido y famoso restaurante de la capital, el Joe’s Beerhouse donde tuvimos un primer contacto con la gastronomía namibia.
Es un restaurante divertido, con encanto para turistas, y la comida es excelente, especialmente las carnes. Si quieres probar carnes exóticas (kudu, oryx, springbok), este es el lugar.
Ahora, prepárate para el espectáculo visual: el sitio parece un museo caótico de artículos aleatorios. Hay coches viejos, animales disecados, millones de botellas, botes de todo tipo, un váter antiguo (que llaman “el trono”), maniquíes… ¡y un larguísimo etcétera! Es un lugar abarrotado de objetos curiosos, pero tiene encanto y se come muy bien.
Tras una noche de descanso estábamos más que listos para comenzar la aventura. Nuestra primera parada fue el desierto del Kalahari que es, en realidad, una sabana semiárida con vegetación dispersa, no un desierto arenoso puro como el Namib. Nos encontramos con un precioso paisaje de dunas rojizas, llanuras cubiertas de hierbas, arbustos y acacias. La fauna es abundante y diversa. Es relativamente fácil contemplar animales como órix, eland, chacales y el omnipresente springbok. La mayoría de los alojamientos ofrece diferentes actividades relacionadas con la naturaleza y a veces también con los habitantes del Kalahari, los bosquimanos conocidos como San, siempre dispuestos a aportar su sabiduría a los visitantes. Algunos de los lodges actúan como refugio de guepardos rescatados, en colaboración con Cheetah Conservation Fund. Estos guepardos viven dentro de los precintos del alojamiento en situación de semilibertad, ante la imposibilidad de devolverlos a su entorno natural pues o tienen alguna enfermedad o fueron rescatados tan pequeños que nunca aprendieron a cazar. Estos alojamientos ofrecen actividades como el "cheetah feeding" donde puedes disfrutar de una experiencia extraordinariamente cercana. Pero no te confundas, no se trata de una interacción, no son animales domésticos, sino que se trata de una experiencia educativa y cercana a la naturaleza.

Tras una inolvidable estancia en el bello Kalahari era el turno del desierto del Namib. Cuando piensas en Namibia, ¿cuál es la primera imagen que viene a tu mente? Para mí siempre fue una inmensa y bellísima duna roja, levantándose contra un cielo cristalino. Eso es Sossusvlei, un mar de gigantescas olas rojas que se levantan como montañas ante el azul del cielo.
Subir a una de estas dunas no es fácil por el calor del desierto y porque caminar sobre arena supone un reto adicional. Pero contemplar el desierto desde arriba es una experiencia increíble: un inmenso mar de arena solo cruzado ocasionalmente por un solitario órix. Si vas a emprender la caminata, recuerda llevar mucha agua, la vas a necesitar.

La segunda parada fue Deadvlei. El sugerente nombre proviene del afrikáans: vlei significa “marisma” o planicie inundada, así que Dead Vlei se entiende como “marisma muerta”. Se formó cuando la inundación del río Tsauchab llevó agua y arena, creando canales temporales que permitieron el crecimiento de árboles de acacia. Con el tiempo, cambiaron las condiciones climáticas y las dunas rodearon la planicie, bloqueando el flujo de agua. Los esqueletos negros de los árboles llevan allí entre 600 y 900 años, y nunca se descomponen por la sequedad extrema. La mejor forma que se me ocurre de describirlo es una planicie adornada por "momias" de árboles. La altura de algunas dunas circundantes, como “Big Daddy”, supera los 300 m, proporcionando un contraste espectacular entre la arena roja, la planicie blanca y los remanentes arbolados negros. Nuevamente, aquí el riesgo es el calor porque desde el parking hasta Dead Vlei hay unos 3 kilómetros que deben completarse caminando. Sin embargo, una vez más, el esfuerzo merecerá la pena. Mientras nuestros maravillosos guías esperaban bajo una de las pocas sombras disponibles, yo disfrutaba como una niña yendo de un lado para otro en aquel paisaje fantástico que parecía sacado de un libro o de una película. Era como estar en un planeta distinto, las fotos que hice se cuentan por cientos.

La siguiente parada fue el Cañón de Sesriem. Su nombre (afrikaans ses riem) alude a los primeros colonos que debían enlazar seis tiras de cuero (“seis cinturones”) para bajar cubos hasta el agua en el fondo. Tiene aproximadamente 1 km de longitud y alcanza una profundidad entre 30 y 40 m, llegando a ser muy estrecho —a veces de apenas 2 m de ancho— en ciertas zonas. Muchos turistas se limitan a mirar desde arriba, pero yo te recomiendo que bajes y lo recorras.

El sendero no es exigente, pero incluye tramos estrechos y empinados. Nuevamente, el esfuerzo va a merecer la pena porque descubrirás formaciones rocosas singulares y pequeñas cuevas donde, una vez más, te sentirás como un explorador.
Ya de regreso en el hotel, era el momento de descansar. Nos lo habíamos ganado. Es una de esas veces que se agradece y mucho, un chapuzón en la piscina del hotel. Y después, por supuesto, contemplar el atardecer con un refresco en la mano, reponiendo fuerzas antes de la cena y de que continúe nuestra aventura por tierras namibias.
A punto de irnos a la cama, nos esperaba la última sorpresa del día: ese cielo salpicado de estrellas como solo es posible en el desierto, un firmamento que cuando vives en una gran ciudad, incluso olvidas que está ahí. Mirando al cielo surgió una conversación poco frecuente en unos madrileños: constelaciones, agujeros negros y supernovas.
¿Te gustaría vivir esta experiencia?
Namibia es un destino que sorprende incluso a quienes creen conocerlo. Si alguna vez soñaste con desiertos infinitos, cielos plagados de estrellas, fauna salvaje y paisajes únicos como salidos de una historia de ficción, este es tu lugar, e Icárion te lo pone muy fácil: Encantos de Namibia.
