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Hay viajes que son más que kilómetros: son emociones, colores y sabores. Esta vez, recorrí mi país con Icárion y un grupo de agentes de viajes, pero desde otro lugar. Ver Argentina con ojos de turista, mientras el grupo la descubría por primera vez, fue una mezcla única de orgullo y nostalgia.
Comenzamos en el noreste, donde la selva subtropical guarda uno de los mayores tesoros naturales del mundo: las Cataratas del Iguazú. Más de 275 saltos de agua que se pueden admirar desde ambos lados: Argentina y Brasil.
En la Garganta del Diablo, el rugido constante y la bruma son la esencia de Iguazú. El circuito argentino permite sentir la fuerza del agua muy cerca, mientras que el lado brasileño regala vistas panorámicas impresionantes.
¿Un consejo? El paseo en lancha bajo los saltos. Y después, nada mejor que un surubí a la parrilla, acompañado de vino blanco bien frío o una cerveza artesanal.
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Del verde intenso de la selva pasamos a los colores infinitos del norte argentino. Salta, La Linda, nos recibe con su arquitectura colonial y su ritmo pausado. Desde allí, nos adentramos en la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio de la Humanidad, donde el Cerro de los Siete Colores en Purmamarca parece pintado a mano.

En Tilcara, la historia se mezcla con la vida cotidiana, y en cada mercado se respira tradición. Probamos empanadas salteñas y humitas, acompañadas por un vino torrontés, típico de la región, con aroma floral y sabor fresco.
Nos despedimos de esta región con la postal que nos deja el Cerro La Paleta del Pintor, un paraíso visual y cultural.
Mira la entrevista a nuestro guía en Instagram.

Del calor húmedo al frío patagónico. El Calafate nos recibe con su encanto sureño y el protagonista indiscutible: el Glaciar Perito Moreno. Frente a esa masa de hielo que avanza y cruje, uno se siente pequeño, ¡es majestuoso!
Caminamos por las pasarelas, nos acercamos lentamente en barco para apreciar de cerca las inmensas paredes y brindamos con un whisky “on the rocks”… ¡con hielo del glaciar!
Degustamos el clásico cordero patagónico, maridado con un vino malbec robusto y de postre, el dulce de calafate, acompañado de un café bien caliente para combatir el frío.
Escucha a Melisa Metz, guía del Parque Nacional Los Glaciares en Instagram.

Nuestro último día fue intenso, antes de coger el avión de regreso a Madrid por la noche hicimos un city tour por Buenos Aires que nos llevó por algunos de sus rincones más emblemáticos. Comenzamos en Puerto Madero, donde disfrutamos de un almuerzo con el clásico asado argentino, acompañado de chimichurri y la clásica provoleta.
Luego seguimos hacia La Boca, con sus casas coloridas y el espíritu futbolero que se respira en cada esquina. Paseamos por la Avenida 9 de Julio, con la imponente vista del Obelisco y el famoso Teatro Colón, y continuamos por la Avenida Santa Fe, donde hicimos una parada obligada en la librería Yenny El Ateneo, considerada una de las más bellas del mundo.
Para cerrar el recorrido, visitamos el barrio de La Recoleta, la icónica Floralis Genérica, símbolo de la ciudad. Y, por supuesto, antes de despedirnos, probamos los infaltables, y mortales, alfajores rellenos de dulce de leche.

¿Sabías que Buenos Aires se tiñe de violeta cada primavera gracias a los jacarandás? Estos árboles, originarios de Sudamérica, florecen entre octubre y noviembre, creando un espectáculo único en avenidas como Avenida Libertador, Figueroa Alcorta y Palermo. Su color intenso convierte la ciudad en una postal inolvidable y es uno de los momentos más fotografiados del año. Y lo mejor: algunos jacarandás vuelven a florecer levemente en otoño, y tuvimos la suerte de verlos.

Porque viajar también es saborear, y en Argentina lo tenemos muy claro, te dejamos algunas recomendaciones más:
Consulta con tu agencia de viajes de confianza el programa Vuelta al Norte, Cataratas y Glaciares de Icárion y prepárate para descubrir Argentina como nunca.

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